Información Heidy Wagner
El término ‘carpintero’, para designar a aquel profesional que trabaja con la madera, proviene del latín ‘carpentarius’ (de igual significado) y se refería a aquel que fabricaba el ‘carpentum’ un tipo de carruaje (al latín llegó procedente del celta).
Al principio solo se llamaba carpentarius a aquellos que realizaban esos vehículos, pero con el tiempo se generalizó el término para todo aquel que trabajaba la madera. Al español llegó el vocablo como ‘carpentero’ (según consta registrado en el siglo XIII), pero en el siglo XIV ya aparece en la forma ‘carpintero’ que hoy en día conocemos.
La carpintería prehispánica existió en México antes de la llegada de los españoles, como lo demuestran objetos arqueológicos de madera de culturas como la olmeca. Con la colonización, la carpintería se formalizó con la llegada de nuevas técnicas y herramientas, estableciéndose como uno de los primeros oficios de los que se documentaron ordenanzas para normar su práctica durante la colonia en el siglo XVI.

De los primeros registros que se tienen es el de Fray Bernardino de Sahagún describe en su Historia general de las cosas de la Nueva España en el siglo XVI, una de las crónicas que mejor rescatan tanto la filosofía y la teología mexica, como varios aspectos de la vida cotidiana.
Ya durante la colonia, los legisladores tuvieron muchas dificultades, tratando de dar una personalidad civil a los talleres y de normar el pago de los distintos tipos de aprendices, así como el tipo de contrato que establecería el maestro con el artesano y de éstos con el veedor. Ante la imperante necesidad de construir nuevas casas para los conquistadores, el gremio de los carpinteros fue de los primeros en recibir sus ordenanzas.
Dicho lo anterior, la carpintería ha sido una práctica habitual en el territorio mexicano por más de quinientos años, lo que nos da una idea de la importancia que deberían tener en la sociedad contemporánea, a pesar de los factores que tiene en contra.
Los carpinteros (o más ampliamente, los artesanos de la madera) tenían una importancia fundamental en el México antiguo, ya que la madera fue un recurso esencial para la vida cotidiana, la construcción, la agricultura, el armamento y los rituales. Su labor abarcaba una amplia gama de funciones vitales para la sociedad:
La madera se utilizaba ampliamente en la construcción de viviendas, templos y elementos estructurales. Los carpinteros eran responsables de cortar y dar forma a las vigas, tablas y otros componentes necesarios para estas edificaciones.
También fabricaban herramientas agrícolas (como bastones de madera endurecida al fuego y mangos para hachas), utensilios domésticos (cucharas, jarras), y otros objetos esenciales para la vida diaria, de la misma manera elaboraban medios de transporte, así como armamento como dardos y lanza dardos (átlatl).

Los antiguos mexicanos empleaban la madera para elaborar objetos artísticos y ceremoniales de gran calidad, incluyendo instrumentos musicales (como el huehuetl y el teponaztli), cetros, máscaras, tocados y pectorales. Algunos hallazgos en el Templo Mayor de Tenochtitlán incluyen más de 2000 objetos de madera conservados por el lodo lacustre, lo que demuestra su habilidad técnica y la importancia ritual de estos objetos.
En este sentido, cronistas y códices revelan que los carpinteros y talladores eran considerados artesanos especializados dentro de la estratificada sociedad mesoamericana. Poseían habilidades técnicas sorprendentes, trabajando con herramientas de piedra (como azuelas y cuñas) antes de la introducción de herramientas de metal en algunas regiones.
Ahora bien, en el México antiguo, aunque el término “ebanista” (que implica el uso de maderas finas como el ébano, un concepto europeo) no existía como tal, los carpinteros y talladores prehispánicos desempeñaron un papel de vital importancia. Su dominio de la madera fue fundamental para la construcción, la vida cotidiana, el armamento y las expresiones artísticas y religiosas de sus culturas.
Concretamente los antiguos carpinteros y ebanistas de Querétaro utilizaban principalmente maderas locales y nacionales que fueran duraderas y de alta calidad para la construcción y la elaboración de muebles finos. Las maderas más comunes en la época colonial y siglos pasados incluían:
Pino: Era una de las maderas más utilizadas, especialmente para trabajos de carpintería general, vigas y estructuras. Se valoraba por su facilidad para trabajar, aunque la calidad variaba dependiendo de si era madera de primera (con menos nudos) o de segunda.

Cedro (principalmente cedro rojo): Muy apreciado en la ebanistería por su durabilidad, ligereza y resistencia natural a la putrefacción, hongos e insectos. Su color rojizo lo hacía ideal para muebles finos, puertas y revestimientos.
Caoba: Una madera noble y tropical, utilizada en la elaboración de muebles de alta calidad debido a su gran belleza y veta. Era un material muy cotizado en la ebanistería mexicana colonial. Nogal: Reconocida y apreciada por su color rojizo oscuro, dureza y homogeneidad. Se empleaba en muebles finos y artículos torneados. Mezquite: Una madera dura local que también se utilizaba, especialmente en áreas donde era más accesible.
Ébano mexicano y Guayacán: Maderas densas y pesadas, usadas en piezas de ebanistería de gran tamaño o que requerían una resistencia excepcional. Estas maderas eran seleccionadas por su belleza natural y su capacidad para perdurar en el tiempo, como se puede apreciar en los muebles y la arquitectura histórica de la región.
Ejemplo de el arte plasmado en madera, son las puertas, portones, escaleras, ventanales. altares, imágenes religiosas que fueron elaboradas en la antigüedad pero que muchas de estas todavía podemos observar – algunas en buenas condiciones otras lamentablemente con un deterioro evidente.
En Querétaro, las puertas históricas se refieren más a los portales de edificios y sitios con gran valor histórico, como los portones de la Casa de la Corregidora o las ventanas de los templos de Santa Rosa de Viterbo, de la Santa Cruz y Teresitas, además de la vieja estación del ferrocarril.

En este sentido no podemos olvidar los sellos de mezquite en alto relieve hechos en Vizarrón, estos fascinantes sellos tallados con maestría en alto relieve son testimonio de la rica tradición artesanal de Vizarrón, Cadereyta son reconocidos por el Museo Nacional de Artes Populares, y sirven principalmente para decorar y dar relieves únicos a objetos. Se utilizan en técnicas como la decoración de tortillas con diseños tradicionales o en la creación de elementos decorativos para objetos cotidianos, dejando un dibujo que sobresale al presionar sobre materiales como porcelana, arcilla o incluso tela.
En la actualidad el oficio de la carpintería sobrevive y se mantiene gracias a la versatilidad, y pericia de los artistas de la madera, que en pleno siglo XXI sigue vigente y evolucionando. Es por ello que el oficio de carpintero se reinventa cada día y nos recuerda porque es uno de los oficios más antiguos que existen dentro de las diversas actividades y trabajos que la humanidad ha tenido en el transcurso de su historia; en nuestro país, data oficialmente de la época colonial.
En resumen, los carpinteros no solo satisfacían necesidades prácticas y funcionales, sino que también producían objetos de gran valor simbólico y artístico, demostrando un dominio técnico notable del material.