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Dos queretanos fueron presidentes de la república

Dos queretanos fueron presidentes de la república durante el siglo XIX y principios del XX

Quienes nacimos en Querétaro podemos presumir que dos queretanos fueron presidentes de la república, además de ocupar otros cargos de gran relevancia en el ámbito administrativo, militar incluso diplomático. El primero Manuel Gómez Pedraza y después Francisco León de la Barra, quienes ocuparon la máxima magistratura del país durante el siglo XIX y principios del XX, respectivamente.

Por Heidy Wagner Laclette

 

 

Manuel Gómez Pedraza nació el 22 de abril de 1789 en Querétaro, fue hijo de Juan Antonio Gómez Pedraza y María Úrsula Rodríguez y Salinas, ambos pertenecientes a la clase alta criolla y hacendada que tenía propiedades en la zona de Jalpan, al norte de Querétaro. Fue un militar y político que se desempeñó como el 6° presidente de México entre el 24 de diciembre de 1832 y el 31 de marzo de 1833.

Sus estudios los realizó en Querétaro, mismos que abandonó al estallar la guerra de independencia para enrolarse en el ejército realista bajo el mando de Félix María Calleja, quien lo hizo teniente en el regimiento de Fieles de Potosí; con él tomó parte en toda la campaña contra los insurgentes y en la captura del cura José María Morelos.

Estando en San Luis Potosí y siendo teniente coronel, se adhirió al Plan de Iguala. Fue amigo y partidario de Agustín de Iturbide, quien lo nombró coronel y general, así como comandante de la Huasteca y jefe de la guarnición de México, cargo que entregó a los triunfadores del plan de Casa Mata al ser Iturbide desterrado. En 1825 se le nombró comandante militar de Puebla, de donde fue reasignado por órdenes del presidente Guadalupe Victoria para sustituir a Manuel de Mier y Terán como secretario de Guerra.

 

Donde fue acusado de no ser lo suficientemente severo durante las insurrecciones políticas y de no haber brindado protección a varios extranjeros que fueron víctimas de robo. Sobrevivió a estas acusaciones y fue llamado por el presidente Guadalupe Victoria para asumir el cargo de Ministro de Guerra cuando Manuel de Mier y Terán dimitió. Se asegura que el general Gómez Pedraza aprovechó su estancia en la Secretaría de Guerra para prepararse a la candidatura a la presidencia.

En esa época de intensos conflictos partidistas, entre el Partido Liberal, Partido Yorkino (una facción política liberal mexicana de la década de 1820, estructurada en torno a logias masónicas del Rito de York, impulsadas por el embajador estadounidense Joel R. Poinsett.

Defendían el federalismo, la república, y el nacionalismo, siendo la principal fuerza de oposición al Rito Escocés (centralista), y el Partido Conservador, y el Partido Escoses, Gómez Pedraza pertenecía a este último, pero a una rama moderada de los “imparciales”, compuesta por hombres leales al gobierno federal, que incluía tanto a yorkinos como a escoceses, y que impulsó a Pedraza a la candidatura presidencial de 1828.

Las elecciones presidenciales en esa época eran decididas por las Legislaturas estatales. Gómez Pedraza resultó ganador, derrotando al candidato rival Vicente Guerrero, pero los partidarios de Guerrero alegaron que Pedraza, como ministro de Guerra, utilizó su influencia para enviar agentes militares a todos los estados con el fin de influir en las elecciones a su favor.

Electo presidente de México para el cuatrienio que debía iniciar el 1 de abril de 1829 y concluir el 31 de marzo de 1833; no obstante, fue desconocido por el Congreso, que declaró nula la elección presidencial que había ganado.

En 1832 luego de varias revueltas que hicieron caer a Guerrero y a Bustamante, faltando unos meses para que concluyera el periodo presidencial que legalmente le correspondía a Gómez Pedraza, al general Santa Anna se le ocurrió devolverle la presidencia. Santa Anna y Bustamante, con Gómez Pedraza como testigo, firmaron los Convenios de Zavaleta, en los que pactaron la amnistía y el olvido general de todo lo acontecido desde el 1 de septiembre de 1828. Posteriormente, ambos generales le entregaron la presidencia al general Gómez Pedraza, quien tres meses después terminó su periodo presidencial.

Su gabinete presidencial estuvo conformado por Bernardo González Angulo en Relaciones Interiores y Exteriores, Miguel Ramos Arizpe en Justicia, Joaquín Parres en Guerra y Marina, y Valentín Gómez Farías en Hacienda

Por su parte, Francisco León de la Barra Francisco León de la Barra y Quijano, también nació en Querétaro, el 16 de junio de 1863 y falleció en Biarritz, Francia el 23 de septiembre de 1939. Fue un político, abogado y diplomático mexicano. Fue presidente de México del 25 de mayo al 6 de noviembre de 1911 con carácter de interino, tras la renuncia de Porfirio Díaz. Su gobierno marcó el fin del Porfiriato.

Fue hijo de Bernabé Antonio León de la Barra Demaría (nacido en Argentina)​ y María Luisa Quijano Pérez-Palacios (queretana). Obtuvo la licenciatura en Derecho en la Escuela Nacional de Jurisprudencia de la Universidad Nacional de México.

En cuanto a su trayectoria podemos decir que fue diputado federal al Congreso de la Unión en 1891. Fue abogado consultor en el Ministerio de Relaciones Exteriores. En 1896 entró en el cuerpo diplomático, sirviendo como embajador en Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay; así como en Bélgica y Holanda (1905), delegado al Segundo Congreso Iberoamericano (1901-1902), representante de México en la Conferencia de la Paz en La Haya de 1907, y embajador de México en Estados Unidos (1909).

Durante este tiempo, se ganó una reputación como una autoridad en Derecho Internacional. Del 25 de marzo hasta el 25 de mayo de 1911 ocupó el cargo de secretario de Relaciones Exteriores, por lo cual, cuando Porfirio Díaz renunció a la presidencia y Ramón Corral a la vicepresidencia en virtud de los Tratados de Ciudad Juárez.

Su breve gobierno ha sido descrito como un porfiriato sin Porfirio. Fue conocido como el presidente blanco debido a que era, según el historiador Alejandro Rosas: el prototipo de la decencia: hombre de educación refinada, reflexivo, elevado por la lectura y los viajes, amante de las buenas costumbres, con alcurnia en sus apellidos, perteneciente a las clases acomodadas de la capital y miembro de la comunidad católica.

El 6 de noviembre de 1911, Francisco I. Madero inició su periodo como presidente de la república, y Francisco León de la Barra le cedió el puesto.​ Tras finalizar su periodo emigró brevemente a Italia regresando en 1912; en esta época participó en la creación de la Escuela Libre de Derecho.

Tras ser presidente interino entre mayo y noviembre de 1911, intentó sin éxito ocupar la vicepresidencia de la República mediante las elecciones extraordinarias; sin embargo, fue derrotado por José María Pino Suárez. En 1913, al asesinato de Madero, fue gobernador del Estado de México y senador de la República. Durante la presidencia de Victoriano Huerta fue nuevamente ministro de Relaciones Exteriores del 21 de febrero hasta el 6 de julio de 1913, esto sin abandonar la gubernatura. Posteriormente fue designado ministro de México en Francia, donde fijó su residencia, para nunca regresar al país.

Fue presidente del Tribunal Permanente de Arbitraje, localizado en La Haya y participó en varios cargos y comisiones internacionales después de la Primera Guerra Mundial como el de presidente de los Tribunales Mixtos de Arbitraje, creados por los Tratados de Versalles y presidente del Tribunal Arbitral Anglo – Franco – Búlgaro.

Se casó con María Elena Borneque en 1895, y cuando ella murió, contrajo nupcias con su hermana Refugio Borneque en 1911. Murió el 23 de septiembre de 1939, en Biarritz, Francia, donde fue sepultado.