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Relación de los antiguos mexicanos con las cactáceas y la religión

Información Heidy Wagner

 

Previo a la Semana Santa, es importante reflexionar sobre la relación que tienen algunas especies de cactáceas con esta celebración religiosa, así como el significado que tenían estas plantas para los antiguos mexicanos.
Por ejemplo el “cactus de Pascua” (Hatiora gaertneri) es la principal relación entre esta especie y la tradición religiosa, nombrado así porque florece en primavera, coincidiendo con la Semana Santa, simbolizando la vida y renovación, y desde luego se asocia con la celebración de la Resurrección.
Para los antiguos mexicanos, el significado de las cactáceas, particularmente el nopal (nōchtli) y el peyote (hikuri), en su cosmovisión, era profundamente sagrado, simbólico y ritual, evolucionando tras la conquista hacia un sincretismo con la religión católica.

 

 

Para los mexicas, el nopal no era solo alimento, sino una representación del corazón humano sacrificado. La tuna, se asociaba simbólicamente con el corazón de los sacrificados ofrecido a los dioses, a menudo llamado quauhnochtli (fruto del águila-cactus).
Por si esto fuera poco, el nopal sobre el que se posó el águila en la fundación de Tenochtitlan representa el corazón del copal, la fertilidad de la tierra y la unión del cielo (águila/sol) con la tierra (cactus/nopal).
En cuanto al peyote (Hikuri) y la conexión espiritual, fue considerado una deidad, debido a que el peyote era utilizado para la comunicación directa con los antepasados y los dioses. Se consideraba un puente entre el mundo de los vivos y lo sagrado.
Es decir, mientras el peyote fue perseguido por la inquisición por considerarse diabólico debido a sus propiedades alucinógenas, el nopal fue asimilado en la cultura popular como un símbolo de la nueva identidad mexicana, fuertemente ligada a la identidad católica de la época colonial.

 


El cactus Echinopsis pachanoi o San Pedro, fue nombrado así por la creencia de que, al igual que el santo, abría las puertas del cielo y facilitaba el camino a la percepción de otro mundo en rituales mestizos.
La corona de Cristo o corona de espinas (Euphorbia milii) es un arbusto suculento espinoso, perenne y ornamental, símbolo central en el cristianismo, representando la pasión, el sacrificio, la humildad y el amor incondicional de Jesús al aceptar el sufrimiento por la redención. Según la tradición, fue colocada durante la crucifixión como burla a su realeza, convirtiéndose en una reliquia venerada y en un potente emblema de victoria espiritual sobre el pecado.

Actualmente hay tradiciones que prevalecen como la carga de pencas de nopal, cardos (un término general para varias plantas espinosas de la familia Asteraceae, conocidas por sus hojas y tallos espinosos) en la espalda durante la Semana Santa, considerada una tradición de penitencia extrema que se realiza en diversas comunidades de México, siendo especialmente famosa en lugares como Atlixco (Puebla) y Angangueo (Michoacán).

Los cactus han estado presentes en la vida de los pueblos de Norteamérica desde tiempos inmemoriales. Hay evidencia de ello en el arte rupestre y en códices antiguos. La representación de las biznagas (cactus barril, Echinocactus, Ferocactus) se describe en “La Tira de la Peregrinación” (Códice Boturini), del siglo XVI.

 

Al realizar una revisión documental de la copia original conservada en el Museo de Antropología (INAH), con motivo de la impresión de una copia facsímil en papel amate, en 2015, del Códice Aubin y artículos de investigación dedicados a su interpretación y análisis. Es posible describir las primeras cuatro láminas que relatan la partida del pueblo azteca del mítico Aztlán. La peregrinación a algunos lugares no identificados y la realización de sacrificios posiblemente simbólicos en dos biznagas.

Por último, es importante mencionar a la ceiba (Yaxché) aunque no es una cactácea, es considerada el árbol sagrado y “Sostén del Universo” en la tradición maya, uniendo el cielo, la tierra y el inframundo (Xibalbá). Su tronco, a menudo cubierto de espinas en la juventud, simboliza el plano terrenal, mientras sus ramas alcanzan los trece cielos y sus raíces se sumergen en el inframundo, esta especie también es utilizada en celebraciones religiosas, los penitentes de algunos puntos del país la llevan a cuestas con la intención de pagar favores o penitencias.

 

Facebook: Heidy Wagner Laclette
Cronista Honoraria del Municipio de Cadereyta de Montes.