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El organillo y su origen europeo

Aunque suele pensarse que el organillo es un instrumento mexicano, pocos saben que su origen es alemán, siendo uno de los instrumentos más populares en las plazas y avenidas del país, el cual consiste en una caja de madera portátil, con puntillas de bronce que reproducen su peculiar sonido.

 

Pero vamos por partes, el primer registro documentado de un instrumento mecánico similar al organillo se remonta al siglo XV en los Países Bajos, donde existen archivos de constructores de órganos que funcionaban solos.

El organillo tal como lo conocemos hoy, portátil y accionado por manivela, se inventó en Italia en el siglo XVIII y fue perfeccionado en Alemania durante el siglo XIX.

 

Con un sonido muy peculiar, esta caja de madera con manivela y puntillas de bronce llegó a México a finales del siglo XIX, para convertirse en una de las tradiciones más populares que ha perdurado hasta nuestros días.

Este instrumento se popularizó en el país a finales del siglo XIX, cuando algunas familias de migrantes alemanes se instalaron aquí, entre ellas, los dueños de la casa de instrumentos musicales Wagner y Levien. Esta reconocida marca de pianos tenía entre sus productos los organillos, los cuales se solían rentar a las personas que quisieran ganar un poco de dinero tocándolo en plazas públicas.

Aunque fueron algunos empresarios, circos y ferias los que compraron los primeros organillos en México, durante el Porfiriato en la década de 1880, estos se volvieron populares en las calles. Con el tiempo, los organilleros comenzaron a desplazarse por todas las calles, con el fin de recaudar más dinero, aunque esta tarea no era nada fácil dado el peso de los organillos, es de hasta 60 kilos.

Esta tradición logró sobrevivir a la Revolución Mexicana, época en la que se cambiaron las melodías europeas por canciones mexicanas populares, así como aquellas que hacían alusión a la Revolución, como Adelita y La Cucaracha.

No es casualidad que los uniformes de los organilleros que vemos en la actualidad tengan un gran parecido a los uniformes del ejército de Pancho Villa, ya que se dice que un organillero acompañaba a las milicias para animarlas en cada batalla. Así, este uniforme de color beige o caqui con una gorra con estilo de capitán en la misma tonalidad, hace alusión a este hecho que forma parte de la narrativa popular de nuestra historia.

Aunque los organillos dejaron de fabricarse en Alemania después de la Segunda Guerra Mundial, el gran número de organilleros en México propició que esta tradición sobreviviera, ya que es un oficio que se trasmite de una generación a generación.

En 1975 se formó la Unión de Organilleros la República Mexicana, y en la década de los noventa, el Gobierno de Ciudad de México impulsó un programa para preservar esta tradición en el Centro Histórico, sin embargo, es una de las profesiones que se ha visto mermada por el paso de los años.

Ahora bien, la figura del mono o changuito tiene un origen, los organilleros europeos (especialmente en Alemania) solían trabajar en ferias, circos y teatros. Para llamar la atención del público, se hacían acompañar de chimpancés reales amaestrados (como monos capuchinos o monos araña), que también realizaba la labor de recolectar monedas, el changuito estaba entrenado para bailar y, lo más importante, para pasar entre la gente cargando una pequeña taza o bote y recoger las monedas que la gente daba como propina.

Al llegar a México y volverse un oficio callejero, se adoptó esta costumbre. Sin embargo, debido a las leyes de protección animal, los organilleros ya no utilizan animales reales. Hoy en día llevan un changuito de peluche montado sobre el instrumento como un homenaje a sus orígenes y para mantener viva la tradición.

El oficio tradicional de los organilleros fue aprobado oficialmente como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Ciudad de México en 2025. Esta declaratoria protege su característico sonido, historia y presencia en las calles como un elemento vital de la identidad, ayudando además a combatir el uso de cajas falsas con grabadoras. De tal manera que esta declaratoria pretende otorgar protección y reconocimiento formal a esta tradición urbana.

Actualmente, solo existen tres países en Latinoamérica que continúan con esta tradición: Chile, Argentina y México, siendo nuestro país el lugar donde se tiene más arraigada este oficio.

Heidy Wagner Loustalot Laclette

Cronista Honoraria del Municipio de Cadereyta de Montes