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Pueblos prehispánicos celebraban a los muertos durante 40 días

Para los antiguos pueblos prehispánicos las celebraciones dedicadas a los muertos eran mucho más largas.

Algunas de sus costumbres llegaron hasta nuestros días.

 

Nuestras fiestas mexicanas para conmemorar a los difuntos se llevan a cabo el 1º y el 2 de noviembre, el Día de Todos los Santos y el de los Fieles Difuntos respectivamente, y desde semanas antes se deja sentir el ambiente con flores de cempasúchil, calaveras, catrinas y ofrendas. Pero poco se sabe que la celebración prehispánica duraba más de un mes, antes de la conquista.

Se trataba de una práctica cultural continua de la civilización mexica (en el periodo Posclásico mesoamericano, siglos XIV al XVI), la cual se celebraba cada año de manera habitual, época en que para los pueblos mesoamericanos como los mexicas, la muerte era una etapa de transición necesaria como parte del ciclo de vida y regeneración,  estas festividades estaban ligadas al ciclo agrícola del maíz y a la temporada de lluvias y llegaban a durar hasta 40 días divididos en dos grandes periodos, es decir, dividían el culto a los muertos en dos veintenas (meses de 20 días cada uno) consecutivas de su calendario solar, el xiuhpohualli:

Miccailhuitontli (la “fiesta de los muertitos” o de los niños): Era el noveno mes del calendario, celebrado a finales de julio e inicios de agosto. Se dedicaba a recordar y honrar a los niños que habían fallecido.

Hueymiccailhuitl (la “fiesta de los muertos grandes”): Era el décimo mes, celebrado en agosto (y principios de septiembre, según los ajustes del calendario). Estaba dedicado a los adultos fallecidos, donde se realizaban grandes ceremonias, danzas, ofrendas de comida (como tamales y amaranto) y la colocación del xócotl (un tronco adornado).

Ahora bien, ¿Porqué esta celebración empezaba a finales de julio y principios de agosto?, la respuesta es simple, en la cosmovisión mexica, estas fechas coincidían con el final del ciclo agrícola de las cosechas, el término de la temporada de lluvias y la maduración de los cultivos como el maíz y la calabaza.

La muerte no se concebía como un final trágico, sino como una transformación y una etapa necesaria dentro del ciclo de la vida y de la naturaleza, muy ligada a los dioses del inframundo: Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl.

Sin embargo, ante la llegada de los españoles y el proceso de evangelización en el siglo XVI — a partir de 1519— las tradiciones indígenas se fusionaron (sincretismo) con las celebraciones católicas del Día de Todos los Santos el 1º de noviembre, dedicado a los niños o angelitos y a los Fieles Difuntos el 2 de noviembre, para los adultos, desplazando la celebración que iniciaba entre julio y agosto hasta a principios de noviembre.

Lic. Heidy Wagner Loustalot Laclette

Cronista Honoraria de Cadereyta de Montes.