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Antiguos mexicanos vitoreados en competencias con cantos sagrados y ritmos de percusión

En el México prehispánico los competidores, especialmente en el juego de pelota (conocido como tlachtli por los mexicas o pok-ta-pok por los mayas) o en las carreras rituales, eran vitoreados mediante cantos sagrados, música instrumental y ritmos de percusión que exaltaban la valentía y el favor de los dioses.

Los antiguos mexicanos celebraban las competencias rituales y guerreras, como el juego de pelota mediante cantos sagrados (cuicani), ofrendas, banquetes y tributos. El público no solo animaba a los participantes, sino que vivía el evento como una ceremonia de devoción donde el esfuerzo humano alimentaba a los dioses.

Antes y durante las competencias eran animadas con arengas y los llamados cantos de aliento (Yaocuícatl), aquí también la música jugaba un rol fundamental.

 

Pero vamos por partes, en aquella época existían géneros de poesía cantada como los yaocuícatl (cantos de guerra y valentía). Se componían versos que ensalzaban el valor del atleta o guerrero, comparándolos con jaguares o águilas, para infundirles fuerza.

Los espectadores y sacerdotes acompañaban el movimiento de los jugadores con el sonido de tambores (huehuétl), flautas de barro y el ritmo de las sonajas, creando una atmósfera de euforia e invocación a los astros y deidades.

También es importante decir que ganar una competencia, un torneo de juego de pelota o una batalla no representaba solo un logro deportivo, sino un acto de intervención divina. En este caso, a los ganadores se les otorgaba un alto estatus social, recibiendo privilegios políticos, vestimentas ricamente elaboradas (como mantas de plumas) y joyas. Eran vitoreados y festejados por la comunidad.

También se realizaban rituales de saumerio con copal y ofrendas florales para agradecer a las deidades (como Huitzilopochtli) el triunfo, ya que se creía que el equipo ganador contaba con el favor divino.

Un dato interesante, en algunas tradiciones ceremoniales, ganar era considerado un privilegio místico tan alto que, según el contexto religioso, el capitán del equipo ganador podía ser ofrendado a los dioses para mantener el equilibrio cósmico.

En cuanto a las dinámicas del público que asistía a estas competencias, destacan las apuestas Los asistentes apostaban jade, mantas, oro e incluso su propia libertad (convirtiéndose en sirvientes temporales), lo que elevaba el nivel de tensión y pasión de las porras durante el partido.

En canchas de gran tamaño, como las que se usaban para el juego de pelota. los cantos y gritos de celebración de los espectadores reverberaban por los muros, amplificando la algarabía en honor a la victoria del día sobre la noche.

Otro dato importante es el origen de la porra a la bio, a la bao, a la bin, bon ban. Una teoría señala que pudo deberse a una traducción que invoca a las gracias o favores a Dios, “Alá Mio”, —no Alá Bio—, significa “Dios mío”, mientras que Alá Bao, que significa “Dios querido”, y la última frase “Ala Bim”, y —no “Alá Bin” como erróneamente se pronuncia, significa “Dio piadoso” en catalán, y que hemos apropiado en América Central y Sudamérica.

Otra teoría tiene que ver con el hecho que el castellano adquirió un gran número de arabismos como consecuencia de la conquista islámica. Algunos de estos fueron ‘ciertas frases o voces técnicas requeridas por fases del juego’, como ‘alla ‘ibín áyya ba ‘ád alla ‘íb BÓN BÁD’, cuyo significado en español es: ‘jugadores, venga ya, el juego va bien’.

En cuanto a la famosa porra “Chiquitibum” nació en el fútbol mexicano en la década de 1920, creada por el futbolista del América, Carlos Garcés, inspirándose en el rítmico sonido de una locomotora (chiquiti, chiquiti…) para sustituir las típicas porras inglesas por cánticos más adaptados a la afición mexicana. Esta porra se popularizó a nivel mundial durante la Copa del Mundo de México 1986 gracias a un icónico comercial de cerveza protagonizado por Mar Castro.

Ahora bien, las primeras porras organizadas en el futbol mexicano surgieron en 1967. Ese año se fundó la “Tito Tepito”, un grupo de animación del Atlante. El modelo de las “barras bravas” (al estilo sudamericano) explotó en el país hasta mediados de los años 90.

Heidy Wagner Laclette

Cronista Honoraria del Municipio de Cadereyta de Montes.