Los informes de gobierno, cuyo origen republicano en México comenzó con Guadalupe Victoria en 1825 las autoridades informaban a la población —en su mayoría analfabeta— a través de la oralidad organizada, el uso de espacios públicos y documentos impresos de distribución limitada.
Durante los primeros años de vida independiente en el siglo XIX, los gobernadores y jefes políticos comenzaron a rendir cuentas por medio de documentos escritos conocidos en la época como “Memorias de gobierno” presentadas ante la cámara legislativa del estado.
Desde la instauración de la República, el primer presidente de México, Guadalupe Victoria, mantuvo la tradición de informar al Poder Legislativo —bajo un sistema oral— el estado de la administración pública. A través de los años, esta práctica ha sido modificada, incluso en sexenios recientes los presidentes han añadido actividades previas o posteriores a la lectura del mensaje
El Informe Presidencial está establecido en los artículos 69 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos que establece la obligación del presidente de la república de presentar un informe por escrito sobre el estado general de la administración pública del país al comenzar el primer periodo de sesiones ordinarias del Congreso cada 1 de septiembre.
El primer gobernante del Estado de Querétaro en presentar una Memoria o informe sobre el estado de la administración pública al Congreso local fue José María Diez Marina (a veces escrito como Diezmarían), quien asumió como primer gobernador de la entidad tras la instauración del Estado Libre y Soberano de Querétaro en 1824.
A partir de la promulgación de la Constitución de 1917, el ex presidente Venustiano Carranza emitió su informe el 1 de septiembre como parte de la apertura de sesiones del Congreso de la Unión. Lázaro Cárdenas fue el primer mandatario en presentar la lectura del mensaje de manera masiva, incluso, en 1936 el discurso fue transmitido en radio.
Pero, en un hecho sin precedentes, el 31 de agosto de 1950, el ex mandatario Miguel Alemán Valdés presentó su cuarto informe de labores a través de una pantalla, siendo la primera transmisión por televisión en México.
Desde 1988 hasta la década del 2000, el día del Informe Presidencial transcurría en un ambiente festivo bautizado como el “Día del Presidente”, fecha en que los ciudadanos veían recorrer al titular del Poder Ejecutivo rumbo al Congreso para leer el documento que posteriormente sería entregado al presidente de la Cámara de Diputados. En aquellos años, la lectura del informe se extendía por horas y la ceremonia era transmitida en cadena nacional por radio y televisión, incluso, se suspendían clases.
Sobre este tema, es importante conocer que antes de que existiera este esquema por parte de los gobernantes de los distintos órdenes de gobierno, el pregonero era un funcionario público encargado de leer a viva voz las leyes, decretos, ordenanzas fiscales y noticias del rey, virrey o alcalde.
El pregonero recorría las plazas principales, mercados y esquinas concurridas. Tocaba un tambor, una trompeta o campana para congregar a los vecinos y llamaba su atención al grito de “¡Oíd, oíd!” o “¡De parte del rey!”.
En la época colonial (como en la Nueva España), eran los “hombres-voz” que garantizaban que los súbditos estuvieran enterados de las nuevas prohibiciones, impuestos o ejecuciones públicas. Agredir a un pregonero equivalía a un acto de traición, porque hablaba formalmente en nombre del monarca.
Los pregoneros leían en voz alta los Bandos Reales y Edictos (Leyes pegadas en las paredes), es decir, los bandos eran mandatos o avisos oficiales redactados por las autoridades que se plasmaban en papel manuscrito o impreso. Tras ser leídos, las hojas de los bandos se pegaban en las puertas de las iglesias, cabildos o ayuntamientos, y en los muros de las plazas principales. Esto servía como registro físico para las personas que sabían leer, quienes luego transmitían el mensaje de boca en boca al resto de la población.
A partir de la invención de la imprenta, en el siglo XV y durante la época virreinal, los gobiernos comenzaron a imprimir hojas volantes o panfletos ante eventos extraordinarios, como la llegada de un nuevo virrey, la firma de la paz en una guerra o catástrofes naturales. Posteriormente, en los siglos XVII y XVIII, nacieron las gacetas oficiales, publicaciones periódicas controladas por el Estado que difundían de forma más estructurada las actividades políticas, comerciales y de la corte.
Debido al enorme poder de la Iglesia y a que la misa dominical era el único evento que reunía de forma obligatoria a toda la comunidad, las autoridades civiles se apoyaban constantemente en el clero. Los sacerdotes utilizaban el sermón para leer las cartas pastorales, pero también para comunicar decretos civiles, coronaciones, declaraciones de guerra y llamados a la recaudación de impuestos.
De tal suerte que actualmente algunos gobernantes han implementado un esquema “novedoso” que tiene que ver con salir a la calle a informar directamente a los ciudadanos sus obras
Lic. Heidy Wagner Laclette
Cronista Honoraria del Municipio de Cadereyta de Montes